Nigel Mansell: corazón de león

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Si tenemos que pensar en un país referente de la Fórmula 1, sin duda la Gran Bretaña se ubicaría en lo más alto del podio. Su continua producción de grandes pilotos ha estado íntimamente ligada a la competitividad que desde jóvenes tienen que desarrollar los aspirantes a ocupar un monoplaza. A lo largo de la historia del automovilismo, han surgido grandes pilotos de aquella nación. Hoy recordamos a uno de sus 10 campeones del mundo, el “León” Nigel Mansell.

Tesón a toda prueba

Desde que comenzó su trayectoria, el piloto británico tuvo que sobreponerse a una serie de adversidades que no hicieron más que forjar su espíritu competitivo y hacer más grande su sed de triunfo. En su paso por la Fórmula Ford y la F3, tuvo que abandonar su empleo e incluso vendió su casa para financiar los gastos de una carrera tan costosa y exigenre como es la de un corredor de autos. En 1977 sufrió un accidente que casi lo deja paralítico, pero esto no impidió que siguiera su camino hacia la Fórmula 1.

El debut y la primera victoria

Mansell debutó en el Gran Circo corriendo para la escudería Lotus en 1981, pero tuvo que esperar cuatro años y ver pasar 72 banderas verdes para conseguir la primera a cuadros de su carrera. Lo hizo ya a bordo de un Williams-Honda en el GP de Europa de 1985, ante la fanaticada inglesa en el trazado de Brands Hatch. Su nombre comenzaba a sonar fuerte como una de las futuras estrellas de la F1, pero todavía le faltaban máquina y experiencia para siquiera poder desafiar a los McLaren.

A la sombra de dos grandes

El piloto inglés fue el tercero en discordia, el que siempre estuvo al acecho de los dos grandes de la época, Alain Prost y Ayrton Senna. Cuando por alguna extraña razón no ganaban el francés ni el brasileño, siempre aparecía el bigotón. Como hoy en día sucede con Mercedes, en aquel tiempo McLaren acaparaba los podios y no había muchas opciones de triunfo para el resto de los pilotos. El Williams de Mansell era competitivo, pero solamente le alcanzó para dos segundos puestos consecutivos, en los campeonatos de 1986 y 1987.

México en su carrera

La afición mexicana, sobretodo la más añeja, tiene un aprecio especial por Mansell. Fue el último vencedor del GP de México en 1992, antes de que la carrera azteca saliera del calendario. Todo el mundo recuerda ese triunfo por los tintes nostálgicos que fue adquiriendo, pero en 1987 ya se había subido a lo más alto del podio en la capital mexicana. El año pasado, cuando por fin terminó la larga espera de 23 años y el evento regresó a nuestro país, Mansell estuvo presente en el Autódromo Hermanos Rodríguez y fue parte de una serie de reconocimientos.

Breve paso por Ferrari

Como todos los grandes pilotos de la historia, Mansell vistió el rojo y amarillo de la legendaria escudería italiana. Fue un corto periodo de dos temporadas (1989 y 1990) en las que ganó tres carreras y obtuvo 11 podios. Ahí nació su apodo de “El León”, acuñado por los fanáticos italianos que fueron testigos de su arrojo y su coraje. Se quedó corto en su objetivo de ganar un Mundial con el cavallino rampante, pero a cambio confirmó su posición como uno de los mejores pilotos del mundo y regresó más fuerte y más maduro a Williams, el equipo más poderoso de principios de los 90’s.

Un título largamente anhelado

1992 fue un año espectacular para el inglés. Ya en el ’91, en la primera temporada de su segunda etapa con Williams, había mandado un mensaje de que estaba listo para el campeonato, siendo superado solamente por Ayrton Senna. Desde que inició la temporada del 92, el dominio del “León” fue abrumador, ganó las primeras cinco carreras y 8 de las primeras 10, para encaminarse a su primer título mundial con 108 puntos (el primer piloto de la historia en superar la barrera de los 100 en un año) y 39 años cumplidos, todo un premio a una carrera llena de tesón y perseverancia.