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Prueba: Audi R8 V10 Spyder

Escrito por: Redación AutoBild

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Texto: Ernesto Roy

Una cosa no te puedo negar: es un sueño hecho realidad poder convivir durante siete días con este tipo de autos. Ni dos, ni tres, ni cinco. Siete jornadas donde te llegan una cantidad de miradas que intimidan hasta al más extrovertido. Es obvio, no te ven a ti, ven al auto y ¿cómo no mirarlo?

De aquel encuentro en el Autódromo Bosques del Ángel se contarán apenas una tercia de meses, pero el R8 V10 Spyder con vestiduras rojas se queda en tu mente porque para eso fue diseñado, para robarte la atención de un acelerón. Si bien en aquellas páginas te hablé del desempeño en pista, en esta ocasión te daré los detalles de lo que es convivir con un auto así.

Sí, el tamaño es un problema. La baja distancia al piso hace que para acceder al R8 casi te dejes caer en el asiento una vez puesto el primer pie dentro, mientras que las salidas se hacen con más estilo si te recargas en el estribo de la puerta. De otra manera, parece que ejecutas la mismísima urracarrana invertida con mortal de cinco grados de dificultad. La práctica es directamente proporcional al estilo con el que sales del vehículo.

Por otro lado, se tiene la posición de manejo. Ideal para pista, con el trasero lo más cercano al piso y una visibilidad buena para los siguientes 20 metros a recorrer. En ciudad hace falta tener bien claras las dimensiones y los puntos donde pasarán las ruedas, pues al menos en CDMX donde fue la prueba, los baches son preocupación principal. Otro tema tiene que ver con los topes. El 70 % de los que te encuentres tendrás que pasarlos de lado y muy despacio.

CAMBIO DE ENFOQUE

Habrá cosas que en la práctica del día resulten pesadas con un vehículo de estas características. Pero, ¿sabes qué? Ni uno solo de mis días con el R8 me bajé tan cansado que no quisiera volver a subirme. Siempre existe un pretexto para volverlo a encender, y sí, el alma mater de este auto es la pista, correcto, pero el aura que envuelve la experiencia, desde activar el botón de encendido en el volante hasta las aceleraciones, sensaciones de todos los mandos y hasta detalles pequeños como la capacidad de bajar el vidrio que separa tu nuca del V10 mientras vas en ciudad  o el sonido emitido al momento de arrancarlo por primera vez.

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Ojalá pudiera hablar con aquel niño que en la calle, camino a nuestra oficina, comenzó a gritarle a su papá mientras me señalaba “¡mira papá, el coche de Iron Man!”, espero que el pequeño acelerón te haya emocionado tanto como a mí, porque son esos pequeños momentos los que nos llenan de buenos recuerdos y dan razón a que aún existan coches así, que están pensados únicamente para disfrutarse, para compartirse y para hacernos sonreír sin sentido.

Opinión: 

Desde el punto de vista del manejo, me gustaría poder tener la versión más potente y la capacidad de abrir el escape por el puro gusto de volverme loco mientras acelero. Aterrizando un poco mis ilusiones, la realidad es que es un coche para el fin de semana, o para abrir tu cartera y rentar un autódromo para hacerle un poco de justicia a tu compra. Si eres de los que tienen uno de estos “coches de Iron Man”, eres afortunado.

 

 

 

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