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Prueba: Tesla Model X

Escrito por: Ernesto Roy Ocotla (@roybild)

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Aún con un poco de nervios, me siento a esperar que vengan con la llave de la unidad que tendríamos a prueba. El ejecutivo de Tesla me explica algunas cuestiones imperantes sobre el funcionamiento y entonces tengo carta libre para rodar durante una semana en el Model X…

Si bien tuve oportunidad de manejar brevemente el Model S que te presentó Raúl Ferra hace ya algunos números, ahora era mi turno de ponerme tras el volante de uno de los productos que más ámpula levanta en los puristas, más asombro genera en los aficionados a la tecnología y que más curiosidad despierta entre los que nos dedicamos “a los cochecitos”.

Silicon Valley y su incesante progreso nos ha sorprendido con cuanta cosa sale de esos km de ingenio, y es por ello que no se puede dejar de lado la idea de que estamos ante un artilugio tecnológico muy avanzado. De turbocargadores, inyección directa y transmisiones de diez velocidades pasamos a hablar de software, hardware y demás labia que uno no suele aplicar a los coches tan habitualmente (no juzguen mi corto vocabulario tecnofanático, voy aprendiendo), a menos que estemos ante uno de los representantes de la nueva oleada de vehículos eléctricos, de los cuales, este Model X es el único SUV existente.

Quizá su característica más conocida tenga que ver con la manera en que se abren las puertas traseras. El sistema “Alas de Halcón” es muy vistoso, y me asombra la cantidad de procedimientos que se llevan a cabo debajo de esa ligera hoja de aluminio. Sensores infrarrojos y sonares analizan el entorno para proteger la integridad física de los portones mientras se están abriendo. Se requieren solo treinta y pico centímetros de espacio entre la Model X y el coche estacionado a un lado para que se puedan operar. Eso sí, tal vez en el día a día esperar a que el show se lleve a cabo una y otra vez puede requerir paciencia si lo que queremos es ir de un punto a otro de manera eficiente.

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Accedemos a “Gandalf The White”, como se llama este ejemplar en particular, y la magia sucede desde las puertas. Un toque a lo que sería la manija y tenemos acceso al habitáculo, un toque al pedal del freno y la puerta se cierra sola. Ya adentro, la experiencia es muy similar en algunos detalles a lo que podemos encontrar en un Model S. El volante es prácticamente el mismo y, a pesar de ya conocer también el clúster digital y la pantalla de 17”, la verdad es que esta última sigue sorprendiendo a cualquiera que se sube por primera vez a un Tesla.

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RÁPIDO NO ES VELOZ

Podría pasar otras dos páginas hablando sobre el funcionamiento y gestión de las tres filas de asiento, o del enorme parabrisas que nos cubre hasta por encima de la cabeza, pero lo realmente interesante viene cuando uno pone el selector de marchas en D y se recorren los primeros kilómetros.

La unidad que observas en imágenes corresponde a un Model X P100D: P de Performance, 100 de los kWh que proporciona la batería y D por Dual, que tiene motores en ambos ejes. Si de sumar se tratara, estaríamos hablando de cerca de 772 HP, pero el tema con los autos eléctricos es que la entrega sucede en diferentes momentos e intensidades, por lo que los 510 HP de uno no se suman directamente a los 262 HP del otro; se calcula una media de 612 HP. La cifra que debes tener muy presente es la de 713 lb-pie de torque, la gran magia de los eléctricos y la razón por la que el Model X va de 0 a 100 km/h en menos de 3.3 segundos. Diez de diez veces, cuando aceleramos a fondo, sale un ruidito raro de algún lugar en nuestro interior y el de todos los acompañantes (teníamos que hacer el experimento con dos o tres conocidos). Se hace un vacío en nuestro estómago y notamos al instante la presión por detrás de nuestros globos oculares. No hay otro vehículo que nos provoque con esa intensidad. Lo más cercano (de gasolina) que puedo recordar, es el Audi RS7 Performance, pero no tiene esa agresividad.

A VELOCIDAD CRUCERO

Tenemos una gran cantidad de tecnología a disposición, y esto provoca que en los primeros minutos de manejo llegue a pensar que estoy ante un artilugio demasiado futurista. Con los kilómetros también empiezo a aprovechar toda asistencia disponible. Primero me pongo el reto de cuidar al máximo la autonomía. Debes ser constante y suave con tu estilo de manejo para sacarle provecho a cada kWh existente en las baterías. De hecho, gracias a las retenciones que se generan cuando sueltas el acelerador, en el Model X —como en el S— puedes manejar en ciudad con un solo pedal.

La visita a carretera era obligada, teniendo en cuenta que existen los elementos para convivir con los más actuales sistemas de manejo semiautónomo.

Con nerviosismo frente a ceder el control absoluto, configuro todos los sistemas, e incluso hago el experimento de soltar por unos metros el volante. Impresionante, sí, pero mi mente aún no está tan habituada a venir tras un volante y pretender que no lo hago.

Una de las situaciones que más llamaban mi atención era el manejo en caminos de montaña, pues el peso del Model X ronda las 2.5 toneladas. Los largos brazos del esquema de triángulos sobrepuestos en la parte frontal ayudan a controlar el body roll para hacerlo casi imperceptible. Esto contribuye, junto con las llantas de especificación única, a que se goce de un manejo ágil si se toma en cuenta el parámetro del peso. Por otro lado, la marcha puede llegar a ser dura, sobre todo en caminos maltratados. El filtrado se lleva a cabo de manera seca.

Siendo Tesla un desarrollador de tecnología que la implementa en vehículos, tenemos que aplaudir el manejo de Model X. En realidad, llama la atención por su implicación para la industria y la transportación.

Opinión:

Existen detalles que pueden parecer rebuscados, como el esquema de apertura de las puertas. Sin embargo, todo en el Model X tiene una razón (ni para qué mencionar el display del modo “navidad”). No es un SUV de volumen, es un portento de tecnología aplicado a un medio de transporte. Habrá que ver lo que sucederá con el Model 3, que está creado para un consumo mucho más numeroso.

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