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Mazda RX-7: La vieja gloria del los deportivos japoneses

Escrito por: Redación AutoBild

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Cuantos de ustedes no recuerdan algunos de esos míticos autos que glorificaron el famoso JDM (Japanese Domestic Market), marcas como Mazda, Toyota o Honda dieron vida a algunos de los autos más populares en Japón. Con facilidad podemos enumerar 10 deportivos de aquella época que hubieras matado por tener. Uno de ellos es el Mazda RX-7, ¿te acuerdas de este máximo exponente del JDM?

Con tres generaciones a sus espaldas antes de despedirse para siempre en 2002, es la tercera y última la que gozó de mayor popularidad y nombre, ha quedado grabada en el imaginario colectivo y es uno de los favoritos para hacer drift.

Hizo acto de aparición en 1992 y durante su vida comercial se vendieron tres diferentes, una hasta el 95, otra del 96 al 98 y una final que abarcaría desde ese año al 2002. El modelo original recibió de esta manera diversas actualizaciones que apenas afectaron a su imagen, una larga silueta de baja altura, con un cofre interminable, splitter delantero y un alerón trasero de tamaño considerable; pero sí que fueron optimizando su apartado mecánico con nuevas computadoras, turbos y sistema de refrigeración que ayudaron a mejorar su rendimiento.

En su versión final su motor rotativo biturbo de 1,3 litros llegó a los 280 HP de potencia y los 330 Nm de par máximo, y podía combinarse tanto con una caja de cambios manual como con una automática. Aceleraba de 0 a 100 km/h en 5,2 segundos y alcanzaba los 256 km/h de punta. Montaba un sistema de ABS que repartía la intensidad de frenado entre las ruedas en función de la situación, por lo que llevaba a cabo frenadas más efectivas y mejoraba su comportamiento y maniobrabilidad.

Cuando llegó el momento de la despedida, Mazda lo hizo por todo lo grande con el lanzamiento de la edición limitada Mazda RX-7 Spirit R, de la que solo se fabricarían 1.500 unidades dividas en tres bloques. Los Tipo A (1.000) eran biplaza y manuales, los Tipo B era manuales con cuatro plazas y los Tipo C eran automáticos con cuatro plazas.

Todos compartían detalles como los rines BBS de 17 pulgadas y los calipers rojos, pero tenían elementos exclusivos. Los biplaza llevaban asientos Recaro de competición y el resto de cuero, mientras que los manuales tenían una suspensión Bilstein con una puesta a punto específica.

 

Fuente: Auto Bild España

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